Ética Analógica


Ética Analógica


Gabriel Rodríguez.
Publicado en este blog: 26/12/ 2011.
Los dos sistemas éticos
Para poder hablar de ética es necesaria, imprescindible, una distinción conceptual básica: por un lado, está la ética como impulso de cumplimiento, como amor propio, como sentimiento que nos lleva a actuar de una manera o de otra; por otro, la ética como normativa, como conjunto de códigos de conducta que marcan los comportamientos correctos, las decisiones adecuadas. La ética como impulso sentimental, y la ética como conjunto normativo. A la primera acepción la llamaremos impulso ético, mientras que a la segunda vamos a seguir llamándola ética.
El impulso ético, como sentimiento que está en la base que nos lleva a actuar, pertenece al sistema analógico, es inmediato, anterior, en todos los sentidos, al desarrollo de una normativa ética o de unos códigos éticos. Por tanto, no hablaremos, por ejemplo, de la ética como amor propio, sino del impulso ético como amor propio. La ética, como conjunto reglado, como construcción que controla los sentimientos y la conducta, pertenece al sistema lógico-verbal. No sólo eso: los principios éticos están implícitos, son parte fundamental constituyente del lenguaje. Los códigos éticos están directamente vinculados a los códigos del lenguaje. Y, como suele ocurrir con otros códigos, pueden desarrollarse en artículos cada vez más concretos, convencionales, circunstanciales.
Esta distinción conceptual básica es imprescindible para evitar confusiones, como la que se puede producir cuando Wittgenstein nos dice: “Esta claro que la ética no resulta expresable” (Wittgenstein 177, 1992). El impulso ético es inefable. Pero, si llamamos ética, como hemos planteado, al conjunto de los códigos de conducta, podemos decir lo contrario de lo que dice Wittgenstein: que todo lo ético es expresable y que todo lo expresable contiene el germen o la estructura profunda de lo ético. “La ética es una hija inevitable del lenguaje” (Rodríguez, 1996, 98). Los códigos estructurales del lenguaje se prolongan en otros códigos, igualmente estructurales, de conducta.
La idea central en muy sencilla, vista desde la teoría de los dos sistemas. Las relaciones humanas, en primer lugar, se desarrollan impulsadas por los sentimientos y, después, se construyen en el lenguaje. El primer aspecto está relacionado con el sistema analógico (que compartimos en gran parte con las especies más evolucionadas y que da lugar a una ética analógica o a una ética animal, como veremos un poco más adelante). El segundo con la ética simbólica, con la normativa ética, con los códigos de conducta, con lo que tradicionalmente se viene llamando ética.


Ética simbólica.
La segunda distinción que proponemos es la de ética simbólica, frente a ética analógica. A la primera podemos seguir llamándola simplemente ética, mientras que para la segunda necesitaremos usar nombre y apellido.
Existe una relación estructural profunda entre ética y lenguaje: la ética tiene estructura de lenguaje. En el lenguaje está inscrito el sujeto enunciador intercambiable, la igualdad ante la posibilidad que se realiza en la enunciación, la capacidad para la reciprocidad, lo que podemos llamar la simetría ética; está nítidamente inscrita la cadena de causas y efectos; y la responsabilidad del sujeto agente frente a la acción, la línea coherente de la causalidad lógica. La ética tiene estructura de lenguaje (no la tiene el inconsciente, la escultura contemporánea, ni tantas otras cosas a las que se les ha pretendido adjudicar). La idea de que los códigos éticos ya están contenidos en la estructura del lenguaje pude parecer demasiado original o radical. Pero es absolutamente sencilla, nítida, si partimos de la distinción propuesta entre impulso ético y ética normativa. Lo que no está contenido en la estructura del lenguaje es el impulso ético, el sentimiento, el amor propio (o la compasión, la solidaridad, la ética del cuidado).
La estructura profunda de la ética universal, abstracta, su sujeto intercambiable, su igualdad, su imparcialidad y universalidad, la posibilidad de aplicar simetrías estrictas en los razonamientos éticos, su rigor conceptual que acepta el principio de tertio excluso, su carácter lineal y causal, su tiempo conectivo e indefinido se corresponde puntualmente con la estructura rigurosa del lenguaje. Y su nivel de desarrollo, con el nivel de desarrollo del lenguaje. Una de las tesis centrales que defendí en el libro “Una teoría de la actividad creativa” (1996) era que había dos niveles de desarrollo de las estructuras éticas, ligados al lenguaje oral y a la escritura: el primero supone un compromiso con la comunidad en la que se da el intercambio oral; el segundo un compromiso que tiene las características de la universalidad simbólica.
Desde el principio del pensamiento filosófico, podemos rastrear diversas aproximaciones a la relación entre ética y lenguaje. Desde Aristóteles que, con una intuición genial, distingue la voz que compartimos con otros animales, de la palabra que sirve para manifestar lo conveniente y lo dañino, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto; hasta la Súper Nani televisiva que nos muestra ejemplos de la extensa aplicación de la relación ética-lenguaje en psicología del comportamiento (tales como la firma de protocolos escritos con los niños); pasando por filósofos como Habermas y Levinas para los que el lenguaje no supone sólo una relación con el referente, sino fundamentalmente una relación con el otro, una relación pragmática que implica validez, verdad, sinceridad, corrección, los presupuestos de una normativa ética. Desde siempre, hay una línea de pensamiento que ha vinculado ética y lenguaje.
Vamos a elegir detenernos en las ideas geniales, claras, de Lawrence Kohlberg, para el que la construcción de las estructuras de conocimiento (del sistema lógico-verbal) va unida a la construcción del pensamiento ético. La propuesta de Kohlberg encaja perfectamente en el esquema del desarrollo de la ética normativa a partir de un impulso ético, perteneciente al sistema analógico. Kohlberg: “partiendo de las ideas de Piaget, nos habla de tres estadios de desarrollo del pensamiento ético: el preconvencional, en el que no se ha llegado a ningún acuerdo compartido, relacionado con el nivel preoperatorio, caracterizado por la existencia de sanciones o gratificaciones, dependiente de la persona que controla la situación; el convencional, articulado por la posibilidad de intercambio, de poder tomar la postura del otro, con acuerdos de reciprocidad y respeto mutuo, que se corresponde con el nivel operatorio, en el que hay normas reflexivas de comportamiento, y un orden pactado recíproco; y el post-convencional, que incluiría el sentido de la justicia universal, abstracta, estructurada en lo simbólico, independiente de los sujetos que la enuncian, que se corresponde con el nivel del pensamiento formal, los derechos humanos abstractos, con la justicia y el derecho” (El Arco Creativo, 2005, 254).
Ética analógica
La polémica Kohlberg-Gilligan nos puede servir para introducir el concepto de ética analógica, ligada al impulso ético. Su discípula, Gilligan, elimina el carácter de progresión o de desarrollo hacia una posición optima, el juicio de valor implícito, para pasar a describir dos formas de hablar y enjuiciar: la ética de los cuidados y de la responsabilidad hacia el otro, contextualizada, realizada desde una posición sensible a las necesidades de los demás, empática, tradicionalmente vinculada a la postura femenina; y la ética de los derechos y de la justicia, abstracta e impositiva, específica de una postura más fría y distanciada.
La ética relacionada con el sistema analógico atiende a casos concretos, a personas con las que se establecen nexos de empatía, para dar forma a sentimientos de ayuda, apoyo mutuo, solidaridad. La ética analógica está vinculada a las vivencias y las emociones y es, por tanto, la base del impulso ético. Tiene el mismo origen que la ética animal que se ha observado en las especies más evolucionadas, está sustentada en los sentimientos que se desarrollan en torno a los reflejos en el otro, en el espejo, la empatía, la compasión, el compadecer (en el sentido de padecer lo que siente el otro), en las relaciones de identificación propias del sistema analógico. Mientras que la ética propia del sistema lógico-verbal atiende a las simetrías típicas del lenguaje y de los sistemas lógicos, y se apoya en las identidades estrictas. La ética analógica, más que responder a una normativa, responde a un conjunto de sentimientos que llevan a líneas de actuación, a impulsos que son de carácter hereditario en los animales, y plásticos, modelados por la experiencia, entrenados, en los seres humanos, hasta dar lugar a impulsos éticos complejos.
A este respecto, son interesantísimas las investigaciones de Alison Gopnik sobre el desarrollo de los sentimientos éticos en los niños. A los nueve meses, los bebés distinguen las caras de sorpresa, de alegría, y son capaces de diferenciar si se trata de expresiones fingidas o sinceras. A los catorce meses, ayudan al experimentador si se le cae un objeto, pero no si lo tira. A los dieciocho, el niño se acerca para reconfortar a otras personas. A los dos años y medio, distinguen lo que son convenciones sociales, y pueden admitir tirar ropa al suelo, pero no pegar a otros niños. A los tres o cuatro años, desarrollan el sentido del tiempo y el humor, que sabemos que están vinculados a la construcción del universo lógico-verbal. Los niños no tienen, a priori, la creencia de ser un individuo diferenciado y unificado, único, como los adultos. El adulto cree en la existencia de un autobiógrafo interior, que dirige, observa su propio comportamiento interior, toma responsabilidades y decisiones (un homúnculo). El sujeto intercambiable y la causalidad implícita en el lenguaje son pasos fundamentales en la construcción del pensamiento formal ligado a la ética universal abstracta de la que hablaba Kohlberg.
Experimentalmente se ha encontrado que la valoración, la toma de postura, vinculada a esta ética (analógica) es muy rápida e inconsciente, y que podemos encontrar sus bases, de una manera natural, en los niños. La ética analógica es anterior a la ética simbólica en todos los sentidos: en el plano evolutivo, individual y cotidiano.
Relaciones entre ética analógica y ética simbólica
Las relaciones entre ambas éticas son tan complejas como puedan serlo las relaciones entre los dos sistemas: siempre es mucho más claro y sencillo describirlos o entenderlos por separado. Hacer explícita la arquitectura de la ética simbólica es de una complejidad similar al proceso de hacer explícita la gramática. Aunque lo verdaderamente complicado es intentar dilucidar las razones del impulso ético o, mejor dicho, cuáles son los sentimientos, las querencias, que nos llevan a construir una ética normativa. Que sería algo así como intentar aclarar cuáles con los sentimientos que nos inducen a la construcción del universo simbólico.
El antagonismo dual entre el bien y el mal (que se inscribe en el sistema lógico-verbal) interfiere constantemente con la posibilidad de ver claramente cómo lo mejor y lo peor pueden pertenecer al mismo sistema analógico de procesamiento de la información: la compasión y la violencia, las imágenes complejas que compartimos con otras especies y los ingredientes necesarios para la creatividad que permite el desarrollo de la cultura. La clasificación valorativa, de superioridad o inferioridad, es tan imprescindible para el orden lógico-verbal, como inadecuada desde el punto de vista del sistema analógico.
La relación entre la ética analógica, entre el impulso ético primitivo, original, y la construcción de la ética simbólica tiene una evolución similar a la relación entre los sentimientos vinculados al sistema analógico y la construcción del sistema lógico-verbal de procesamiento de la información, del que forma parte. Pero, la necesidad de una separación conceptual, nítida, es imprescindible si queremos poder decir algo con sentido acerca de la ética.
Aquella primera diferencia entre la ética como impulso de cumplimiento, y la ética como conjunto de leyes, ya apuntaba claramente al fondo del asunto. La ética, como sentimiento, como impulso que lleva a la ayuda, como condolencia u odio, se inscribe en los procesos propios del sistema analógico de procesamiento de la información que gestiona lo sentido, lo que procede de los sentidos y los sentimientos. Para dar lugar a una ética analógica (y a lo que Hauser llamaría una moral animal). Mientras que la ética como conjunto normativo queda inscrita en el universo gestionado por las relaciones lógico-verbales, al que pertenece plenamente: la ética normativa está inscrita en el lenguaje.
Sabemos que tenemos un sistema analógico en gran parte semejante al de las especies más evolucionadas. Que hay una parte de nuestro comportamiento vinculado a lo que estamos llamando ética analógica. Por tanto, sería de esperar que existiera en los animales un sistema ético con características similares el de la ética analógica de los seres humanos.
Ética animal
¿Podríamos hablar de ética animal? Tal vez deberíamos buscar otra expresión más adecuada. Solidaridad podría estar bien, si no fuera tan compleja y no estuviera tan cargada de connotaciones políticas. Apoyo mutuo, cuidado, afecto, empatía. Es un problema general: no tenemos palabras adecuadas para designar los elementos específicos del sistema analógico. Utilizar ética animal no parece una solución perfecta, pero puede ser lo mejor. Por una parte, hemos relacionado íntimamente ética y lenguaje. Hemos separado la normativa ética siempre expresable, del sentimiento inexpresable que impulsa al cumplimiento o a la transgresión; y descrito someramente las relaciones entre las estructuras de la ética y del lenguaje. Ahora vamos a ver las similitudes entre la ética analógica y la ética animal.
Marc Hauser ha realizado una investigación interesantísima sobre el carácter innato de los comportamientos morales en su libro “Moral Minds”. Defiende la idea de que el ser humano nace con unos instintos morales que se han desarrollado lentamente en el tiempo evolutivo, con dos características fundamentales: le permiten efectuar juicios rápidos, casi inmediatos; y funcionan de modo, o sobre premisas, inconscientes. Ante un dilema moral, la decisión sobre lo que se debe hacer es inmediata, para posteriormente intentar racionalizar o justificar los motivos que, hasta ese momento, eran desconocidos o inconscientes. Es decir, existe una base común a la especie humana, unos criterios heredados, que actúan de forma inmediata e inconsciente. Estas dos características son típicas, definitorias, del sistema analógico de procesamiento, que es el sistema básico sobre el que construimos el lógico-verbal.
En sus estudios con primates, Marc Hauser ha observado comportamientos que pueden calificarse como morales. Un individuo evita comer si eso supone un daño, una descarga eléctrica a un compañero. También, como hemos visto en los niños pequeños, reaccionan de forma diferente si un incidente ha ocurrido por azar o de modo intencionado. Todo parece indicar que en el niño existe un sistema analógico semejante al de las especies evolutivamente más desarrolladas en el que se inscriben la ética analógica y la ética animal. La diferencia fundamental es la capacidad constructiva, la plasticidad. La ética verbal, como todo, se construye sobre la ética analógica gracias al proceso de socialización y de desarrollo del lenguaje.
Marc Hauser plantea con acierto el paralelismo entre el sentido moral y el desarrollo del lenguaje. Pero cae en el error de suponer la existencia de una gramática moral universal, similar a la que supuestamente existe respecto del lenguaje. Cuando nos encontramos frente a la evidencia de que existe un sistema analógico de procesamiento de la información, intentamos negarlo, asimilarlo dentro del esquema de las estructuras propias del sistema lógico-verbal. Y para eso suponemos la existencia, como hacen Hauser y Chomsky, de una gramática moral o de una gramática universal.
Hauser sostiene, con acierto, que en los seres humanos se ha desarrollado evolutivamente un instinto moral inconsciente que nos permite decidir sobre la forma correcta de actuar, sobre lo que está bien y lo que está mal, de forma inmediata. Pero no debemos pensar que se trate de unos principios morales externos, heredados y frente a los que no somos responsables. Somos nosotros, nuestro sistema analógico, moldeado por la experiencia sobre bases hereditarias, los que tomamos las decisiones. Si partimos de la idea de que solamente somos un yo consciente, lógico-verbal, veremos a las funciones desarrolladas por el sistema analógico como algo externo y extraño, cuando son parte constituyente fundamental, en lo positivo y en lo negativo. El amor a la madre y el altruismo son universales, genéticos, y somos nosotros los que los sentimos; pero también la agresividad y el deseo de ejercer la violencia. Ya lo habíamos planteado, en sentido general, como una de las funciones principales del sistema lógico-verbal, ahora aplicada, específicamente, a la ética: una de las funciones principales de la ética abstracta universal construida en el universo simbólico es controlar la ética analógica vinculada a lo sentido. La abreacción cura porque lleva lo incontrolado hasta el control propio del sistema lógico-verbal.
Algunos investigadores se sorprenden al encontrar que la decisión, la valoración, el juicio ético, sea inmediato, se produzca antes que los razonamientos deliberados (la duda es si sería adecuado utilizar aquí el término juicio en un sentido en el que no se suele utilizar nunca). Marc Hauser nos dice que debe de haber algún tipo de mecanismo hereditario, predeterminado, que nos permite emitir esos juicios muy rápidos. Y que las personas saben la respuesta, pero no pueden acceder a las razones que la sustentan, de modo que debemos pensar en un soporte inconsciente que desencadena esas decisiones casi inmediatas. Lo que desde el punto de vista tradicional puede ser una sorpresa, desde la teoría de los dos sistemas es perfectamente coherente, incluso previsible.
El sistema analógico subyacente es la base y actúa, siempre y en todos los sentidos, antes que el sistema lógico-verbal al que da soporte. Entre sus características más generales y más claras está la de elaborar respuestas casi inmediatas y la de ser en gran medida inconsciente. El problema es que siempre que nos encontramos con la base del sistema analógico intentamos buscar una justificación ajena, que pertenezca al sistema dominante (que cumple así con la función que le es propia). Siempre que nos topamos con la base analógica, en vez de reconocer lo evidente, tendemos a formular ideas como la de la gramática universal. Y se trata de algo, en cierto modo, parecido. El problema es la utilización del término gramática, ya que, más que una gramática universal, lo que hay es una base analógica universal, heredada, de características opuestas a las de la gramática.
En los animales, los instintos son bloques de información pregrabada en su sistema analógico, que no pueden evolucionar constructivamente (o de evolución muy limitada). En el ser humano, existe una información similar pregrabada que tiene la virtud de poder asumir procesos constructivos de muy distinta índole: por un lado, la construcción del sistema lógico-verbal a partir de unas características diferenciales propias de la especie; por otro, el modelado, el entrenamiento, las adaptaciones propias de los mecanismos que van a seguir funcionando en el marco del sistema analógico de procesamiento de la información. Necesitaríamos dos palabras diferentes par referirnos a los procesos de aprendizaje lógico-verbal, y a los de aprendizaje analógico. No parece adecuado utilizar la misma palabra para cosas tan diferentes como aprender álgebra y aprender a dibujar.
Comportamientos diferenciales
Marc Hauser nos describe cómo muchas veces los animales optan por colaborar solidariamente en trabajos como la caza. Se pueden encontrar casos de cooperación, altruismo, reparto de comida, muestras de reconciliación para tranquilizar a los demás, incluso actitudes de consuelo o muestras de compasión en los mamíferos más evolucionados. Marc Hauser ha detectado que parece haber algunas conductas diferenciales específicas del ser humano, como la capacidad de correspondencia inscrita a lo largo del tiempo: yo te doy algo, te hago algún favor, y tú, pasado un tiempo, me devolverás un favor equivalente. La diferencia es clara y está perfectamente expresada. Ya habíamos visto que no es lo mismo la simetría lógico-verbal inscrita en la línea temporal de las causas y efectos, que la empatía inmediata que emerge en el espejo. La correspondencia en el tiempo, propia de los humanos, se corresponde con la simetría estricta conceptual engarzada en la línea estable de un tiempo conectivo. Mientras que el intercambio inmediato está relacionado con la empatía, el sentimiento de reciprocidad, la imagen en el espejo, el sistema analógico que compartimos, parcialmente, con los animales. La empatía es un mecanismo típicamente analógico, inmediato, unido a lo sentido, que encontramos en el ser humano y en otros muchos mamíferos evolutivamente desarrollados.
Es muy curioso y muy interesante el paralelismo que plantea Marc Hauser entre el desarrollo del lenguaje y de la ética, aunque la idea hacia la que deriva, la existencia de una gramática universal del lenguaje o de la ética, sea errónea. No hay ningún dato, ningún síntoma, que nos permita pensar en normas de tipo gramatical en ninguno de los dos casos. Por el contrario, todos los datos señalan hacia características específicas del sistema analógico de procesamiento de la información, y a la existencia de una ética analógica que tiene características parecidas a las de la ética animal. El desarrollo del lenguaje, que no es mero aprendizaje pasivo, una mera inscripción, ya que implica un proceso de crecimiento interior, de construcción, lleva asociado el desarrollo de una ética normativa implícita en el lenguaje, de una gramática ética, de una ética simbólica, que es lo que tradicionalmente se ha venido llamando simplemente ética (diferenciada del impulso de cumplimiento). Una ética simbólica que tiene un núcleo ligado a la estructura del lenguaje, y que se multiplica y se diversifica en infinidad de formas culturales.
Disociación ética
Desde la neurofisiología también llegan datos que corroboran estos planteamientos. A partir de la observación de personas con el lóbulo frontal dañado, Hauser constata que para algunos tipos de problemas morales las emociones parecen ser irrelevantes (para asuntos que conciernen a la ética simbólica). En la propuesta experimental de salvar a cinco personas matando a una, los pacientes con el lóbulo frontal dañado prefieren salvar a las cinco, sin que interfiera en la decisión ninguna emoción por el quebranto causado. Este tipo de decisiones se derivan de un cálculo lógico, por lo tanto, no deberían ser instantáneas, sino sometidas al tiempo propio de los razonamientos. Para problemas que podemos acotar en el terreno de la ética simbólica, las emociones son irrelevantes.
Pero, para los problemas propios de la ética analógica, que implican una conexión emocional, las decisiones éticas, los juicios morales (Hauser) son casi instantáneos. En mi opinión, los juicios morales analógicos y las emociones probablemente sean simultáneos y casi instantáneos, aunque las emociones puedan tener una expresión y un desarrollo fisiológico posterior, lento. En resumen, existen decisiones morales ligadas a las emociones (a la ética analógica), y otras no ligadas (pertenecientes al sistema lógico-verbal). Cuando Hume afirmaba que los sentimientos guían cualquier decisión ética, estaba hablando del impulso ético, ligado a la ética analógica. Cuando Kant planteaba que nuestros juicios éticos dependían fundamentalmente de la razón, estaba hablando de la ética simbólica, perteneciente al sistema lógico-verbal.
Las dos violencias.
Paralelamente a las dos formas de ética, hay dos modelos de transgresión, dos formas de violencia. Un tipo de violencia primaria, personal, húmeda, manchada, que estalla entre el calor de los cuerpos, relacionada con los sentidos y los sentimientos, inmediata, primitiva, suspendida en el tiempo, obsesiva, que impide los razonamientos, pasional, que emerge contra toda lógica: una violencia con todas las características del sistema analógico. Y otro tipo de violencia anónima, aséptica y distanciada, calculadora, fría, limpia, derivada de estrictos procesos racionales, de cadenas previstas de causas y efectos, medida en el tiempo, dilatada y mantenida según previsiones calculadas de antemano, mediatizada, ejecutada por medios interpuestos: una violencia que responde perfectamente a las características del universo simbólico. La historia de la humanidad es la historia de cómo la violencia se ha ido ejerciendo cada vez de manera mas efectiva, más distanciada, anónima y aséptica: desde el hacha o el cuchillo, desde el sudor y la sangre mezclados de los contendientes, pasando por las armas de fuego, hasta el mecanismo inoxidable accionado a miles de pies de altitud o miles de kilómetros de distancia.
Lo mismo que existe una ética analógica que evoluciona hacia una ética simbólica, existe, en riguroso paralelismo, una evolución similar en los modelos de transgresión y de violencia: una violencia analógica y una violencia simbólica. La expresión violencia simbólica puede parecer inadecuada, al ser aplicada a las formas más devastadoras de violencia. Pero se justifica porque estamos hablando de la violencia no desencadenada por las pasiones, sino construida a través de lenguaje y del cálculo, del sistema lógico-verbal de procesamiento de la información.
Steven Pinker nos dice que si eliminas la superstición, suprimes las semillas para la violencia. Las supersticiones, como los sistemas mitopoyéticos descritos por A. Moles, se inscriben, en su mayor parte, en formas de procesamiento analógico. Por tanto, Steven Pinker de lo que nos está hablando es de la supresión de la violencia cercana, húmeda, personal. Este es el problema. Si consideramos violenta una pelea callejera con puñetazos y heridas de navaja, pero no consideramos violenta una operación realizada frente a la pantalla de un ordenador que va a destruir o matar de hambre a un pueblo entero o a una región entera, realizada con una crueldad perfectamente calculada y anónima, es probable que lleguemos a la conclusión de que el mundo es cada vez menos violento.
La explicación que da Steven Pinker de que la violencia disminuye en el mundo porque el círculo de la empatía se expande es errónea. La empatía es un mecanismo analógico directo que se pone en funcionamiento a través de relaciones personales. Es precisamente el desarrollo simbólico lo que sirve para controlar lo sentido, lo que sirve para controlar y marcar la dirección de la empatía. Lo que ocurre es que la violencia simbólica nos resulta mucho más tolerable que la violencia pasional. En el extremo, el individuo con lesiones, en una zona del córtex frontal, que producen una desconexión de lo emotivo, ofrece respuestas que se ajustan únicamente a mecanismos lógicos. La violencia no disminuye: evoluciona desde una violencia analógica hacia una violencia medida, calculada, racionalizada. La empatía no se expande: se expande el control lógico-verbal sobre la violencia sentimental analógica, relacionada con la empatía.
Hay un experimento, un test moral, descrito por Marc Hauser, que puede ser clarificador. Un tranvía sin control va a matar a cinco personas pero, presionando una palanca aséptica y distanciada puedes desviarlo para que sólo atropelle a una persona. En el segundo caso, empujando de forma personal directa a un paseante despistado puedes obtener el mismo desenlace. La gran mayoría de los encuestados opinan que es tolerable la primera acción, pero no la segunda. Estos resultados sorprendentes son perfectamente coherentes con lo que habíamos previsto: la violencia aséptica, anónima, distanciada y mediatizada se tolera mucho mejor. Independientemente de que puedan incidir también otros factores de ética simbólica inscritos en el lenguaje, como las cadenas causales de los sujetos que ejecutan la acción y son responsables directos de sus consecuencias: desviar un tren o arrojar a una persona. El sujeto enunciador mantiene una relación de igualdad con los otros sujetos enunciadores, con las otras personas, con los que establece una relación de simetría estricta, pero no con los trenes.
A la pregunta de si al encuestado le parecería correcto extraer los órganos húmedos y sanguinolentos de un individuo sano para salvar la vida de cinco enfermos, la respuesta casi unánime es que no sería admisible. Podríamos jugar también con otros factores propios de la ética analógica, como evitar la asepsia propia del anonimato. ¿Cuál sería la respuesta del encuestado en el caso de que al desviar el tren, la víctima fuera un familiar o un amigo íntimo? ¿Cuál sería la respuesta si sustituimos la palanca aséptica de desvío por una palanca con la forma de un cuchillo ensangrentado? También podríamos variar las condiciones lógico-verbales. ¿Qué ocurriría si en vez de hablar de desviar un tren, la misma situación se planteara en la forma: mata a uno para salvar a cinco?
La diferencia entre violencia simbólica y violencia analógica vinculada a lo sentido es también congruente con los estudios neurofisiológicos. En el caso de accionar la palanca para desviar el tren se activan las regiones propias del pensamiento racional, del sistema lógico-verbal. En cambio, cuando se trata de arrojar a alguien a la vía, se activan las zonas relacionadas con las emociones. No se trata de que la violencia disminuya en el mundo. Es mucho más sencillo: la violencia, como todo, evoluciona desde una violencia caliente analógica, hacia una violencia simbólica anónima, distanciada, mucho más tolerable. Pero no sólo evoluciona la violencia, también la generosidad: de un altruismo familiar a un altruismo universal. Ya sabíamos que todas las formas de comunicación, de relación, de conocimiento, las formas de imponerse sobre el medio, de construir la realidad, evolucionan desde lo analógico a lo simbólico. También la ética y la violencia. No es ninguna sorpresa.
La difícil valoración de la excelencia.
El sistema analógico, parcialmente compartido con animales superiores, es pieza fundamental en la actividad creativa. Habitualmente estamos orgullosos de nuestros grandes desarrollos simbólicos, lógico-verbales, de la construcción de la cultura. Pero todo ello se ha construido sobre las tremendas capacidades del sistema analógico, al que es imprescindible regresar en cualquier proceso creativo. Este sistema analógico, oculto, negado, actúa al margen de todo intento de calificación de excelencia, típico del sistema lógico-verbal (especializado en las calificaciones y ordenaciones): es responsable tanto de nuestras pasiones y procesos animales como de intervenir en los más sofisticados logros de nuestra cultura. Un ejemplo: el tipo de imagen analógica compleja que utiliza un predador para gestionar de forma inmediata los factores que intervienen en una persecución es de la misma naturaleza y pertenece al mismo sistema que la que utilizaba Einstein al imaginarse cabalgando sobre un rayo de luz. Del mismo modo, la moral analógica que compartimos con los animales es pieza imprescindible de un comportamiento ético eficiente. La ética abstracta universal, desligada de la ética del cuidado, de la ética analógica y sentimental básica, sabemos que puede conducir a grandes desastres.
Hemos descrito pormenorizadamente cómo el sistema analógico humano puede servir eficientemente lo mismo para gestionar la imagen compleja de los sentimientos, para no abandonar a un compañero herido en peligro, que para procesar grandes bloques de información coordinados en una figura inmediata y coherente: forma la base de procesamiento analógico que compartimos con otros animales, que es, a la vez, el sustrato al que tenemos que regresar para desarrollar actividades creativas. La calificación, implícita e inaparente, de actividades intelectuales superiores e inferiores es uno de los inconvenientes más importantes para entender la actividad del sistema analógico.
Para sorpresa general, y para corroborar la teoría de los dos sistemas, parece ser que el hemisferio derecho puede ser ateo mientras el hemisferio izquierdo puede creer en Dios (Ramachandrán). El sistema analógico de procesamiento de la información, que se expresa en el hemisferio derecho, actúa al margen del orden de la palabra y de la necesidad de un sistema ordenador central, supremo. Y puede, por tanto, no creer en la existencia de Dios, ya que no tiene necesidad de una causa última ni de un agente que justifique el principio de la existencia. Tal vez, en algunas personas, pueda darse la creencia en un tipo de dios paternal y afectivo, personalizado, cercano, primitivo, perteneciente al sistema analógico. Lo que está claro es que son dos tipos de creencias de naturaleza distinta, que afectan a sistemas distintos.
Lo simbólico y lo diabólico
Es muy reveladora la oposición conceptual de estos dos antónimos: lo simbólico y lo diabólico. La ética implícita en el orden simbólico del lenguaje, frente al desorden que existe fuera de él: frente a lo diabólico. Lo simbólico hace referencia a la unión del grupo en el lenguaje. El sistema de oposición, de alternativa entre dos opuestos es típico del sistema lógico-verbal. Es desde el universo simbólico desde el que se señala el lugar del mal: de la maldad universal. Por eso, es en el mismo sentido en el que Betty Edwards nos explicaba que el hemisferio izquierdo, poseedor del lenguaje, insulta al hemisferio derecho y al lado izquierdo del cuerpo en diferentes idiomas (lo siniestro), en el que se debe entender esta oposición entre lo simbólico y lo diabólico. Es admirable la sorprendente sabiduría implícita en el lenguaje. Después de darle mil vueltas, de hacer mil razonamientos y mil observaciones, nos damos cuenta de que el fondo de la cuestión ya estaba grabado, inscrito, en la sabiduría profunda del lenguaje.
Conclusiones:
No existe ninguna gramática moral universal, sino una ética analógica básica de características opuestas a las de la gramática, relacionada con el impulso ético y con la ética animal.
La ética simbólica, normativa, tiene estructura de lenguaje y se construye de forma paralela al lenguaje, sobre características biológicas hereditarias diferenciales.
Existen dos formas de transgresión y de violencia, que se corresponden con las dos formas de ética: una violencia analógica, caliente; y una violencia simbólica, fría, calculadora. La cuestión no es si disminuye o no la violencia en el mundo, lo que sabemos con seguridad es que, como todo, se transforma: desde una formas primitivas, calientes y húmedas, personales, vinculadas a los sentimientos; hasta unas estructuras construidas en el universo lógico-verbal, frías, calculadoras y controladoras.
La combinación constructiva de los dos sistemas de procesamiento de la información es lo que le da al ser humano su conciencia y su especificidad. Cualquiera de los dos sistemas éticos, independientemente considerado, encierra gravísimos peligros: lo específico humano es la combinación de la ética del cuidado y de la ética abstracta universal.
El ciclo de la ética en este blog.
Con este artículo sobre ética se cierra, por el momento, un ciclo en este blog, ya que el primero de sus escritos está dedicado a las relaciones entre creatividad y ética: “Una teoría de la actividad creativa. Relación entre creatividad y delito” (1996). El esquema de aquel libro, directamente relacionado con este artículo, podría ser algo así:
-         Existen dos sistemas de procesamiento de la información: el analógico y el lógico-verbal.
-         La creatividad es la capacidad de renovación cognitiva. Como actividad se produce en el lugar de confluencia, de intercambio, de los dos grandes sistemas.
-         Existe una relación estructural profunda entre ética y lenguaje. El acceso al lenguaje escrito supone un salto diferencial y un nivel ético paralelamente diferente (la ética abstracta universal) relacionada con el sujeto universal intercambiable del lenguaje, expresado en un espacio público, el de la escritura, igualmente inscrito en un tiempo universal.
-         El artista, el creador, necesita habitar entre los dos grandes sistemas. Y, según sus formas de expresión, según el espacio de trabajo escogido, tiene una relación más o menos intensa con las formas de ética analógica y con las transgresiones de la ética lógico-verbal.


EDWARDS, Betty. “Aprender a dibujar”. Blume. Madrid, 1988
Hauser, Marc. “Mentes salvajes: ¿qué piensan los animales?” Granica. Barcelona 2002.
Hauser, Marc. “Existe una moral innata”. http://www.redesparalaciencia.com/wp-content/uploads/2008/06/entrev003a.pdf
Pinker, Steven. “La tabla rasa” Paidos Ibérica. Barcelona 2003.

Pinker, Steven. “El Declive de la violencia”. http://www.redesparalaciencia.com/wp-content/uploads/2011/06/entrev1011.pdf

Ramachandran, V.S. “Los laberintos del cerebro”. La liebre de marzo. Barcelona. 2008.
RODRÍGUEZ Pascual, Gabriel. “Una teoría de la actividad creativa”. Junta de Extremadura. Mérida, 1996.
WITTGENSTEIN, Ludwig. "Tractatus Logico-Philosophicus". Alianza Universidad. Madrid 1992.