EL SISTEMA ANALÓGICO Y LA IMAGEN COMPLEJA. SISTEMAS DE PROCESAMIENTO DE LA INFORMACIÓN NO CODIFICADOS Y CODIFICADOS
The analogical system and the complex image. Non-codified and codified information processing systems
(Gabriel Rodríguez Pascual)
Registrado: 22 mayo 2024
Publicado en este blog: 1 abril 2026
Resumen. El objetivo de este trabajo es mostrar la existencia de un sistema analógico básico que utiliza imágenes complejas, es decir, imágenes no simplificadas mediante códigos. Para ello, es necesario distinguir conceptualmente entre código y registro biológico de la información. La capacidad de utilizar códigos es el rasgo distintivo de la singularidad humana. Describo el sistema analógico de pensamiento no codificado, que se puede encontrar en los animales, los niños pequeños, los habitantes de sociedades primitivas, y las actividades inconscientes de los humanos adultos. Analizo un experimento de Piaget que demuestra el potencial cognitivo del pensamiento que utiliza imágenes complejas. Y uno de los casos mejor estudiado de pensamiento en imágenes: la numerosidad. En todos los apartados, planteo una crítica conceptual imprescindible para poder hablar de pensamiento no codificado o de pensamiento al margen del lenguaje. La conclusión es que nuestro sistema analógico básico, es similar al de otras especies, y constituye la base sobre la que construimos la forma de conocimiento propia de los seres humanos.
Palabras clave: sistema analógico; código; inteligencia animal.
Abstract. The aim of this research is to demonstrate the existence of a basic analogical system that uses complex images, i.e. images not simplified by codes. To do so, it is necessary to conceptually distinguish between code and biological record of information. The ability to use codes is the distinctive feature of human uniqueness. I describe the non-coded analogical system of thought, which can be found in animals, small children, inhabitants of primitive societies, and the unconscious activities of adult humans. I analyze an experiment by Piaget that demonstrates the cognitive potential of thought that uses complex images. And one of the best studied cases of thought in images: numerosity. In all sections, I propose a conceptual critique that is essential to be able to speak of non-coded thought or thought outside of language. The conclusion is that our basic analogical system is similar to that of other species and constitutes the basis on which we build the form of knowledge that is proper to human beings.
Keywords: analogical system; code; animal intelligence.
Sumario: 0. Introducción. 1. Diferencias entre código y registro biológico; 2. El sistema analógico no codificado, común, básico; 3. La huella mnésica no codificada. Piaget; 4. La numerosidad, o la imagen compleja de la cantidad; 4.1. Planteamiento; 4.2. Stanislas Dehaene; 4.3. Jessica Cantlon; 5. Discusión; 6. Conclusiones; 7. Referencias bibliográficas.
0. INTRODUCCIÓN
Desde la filosofía, es preciso aportar un marco conceptual que permita dar forma a una teoría del conocimiento que tiene que situarse en los límites del lenguaje, un marco que tiene que limitar inevitablemente con otras disciplinas, como la psicología evolutiva, la etología, la antropología o la neurociencia. Existe una confusión preocupante entre los conceptos de código y registro biológico (e.g. Paivio, 2014) que es preciso resolver ya que afecta a las similitudes y diferencias entre la cognición humana y la de los animales no humanos. Solventar esta confusión nos va a ayudar, entre otras cosas, a conjugar dos aspectos aparentemente contradictorios: por un lado, los paralelismos y continuidades que ha demostrado la moderna etología (De Waal, 2016) entre las habilidades y el comportamiento social de los humanos y el de los otros animales; y, por otro, las evidentes grandes diferencias culturales entre humanos y no humanos. También podría ser relevante respecto a la diferencia entre la forma de conocimiento del homo sapiens y la de las otras especies del género homo.
1. DIFERENCIAS ENTRE CÓDIGO Y REGISTRO BIOLÓGICO
Voy a utilizar la palabra código y sus derivadas para hacer referencia a los códigos en sentido estricto, es decir, a los acuerdos convencionales que permiten transmitir información sin que sea necesaria ninguna relación analógica de semejanza o coocurrencia (de causalidad desde el punto de vista lógico-verbal). Puede o no haberla, pero eso es lo de menos. Los códigos tienen características opuestas a los sistemas biológicos de registro, entre los que se encuentran los mal llamados códigos neuronales. No deberíamos utilizar la misma palabra para referirnos a conceptos cruciales que, más que diferentes, son antagónicos.
Los sistemas de registro que no son realizados intencionalmente por el ser humano incumplen todas las características propias de los códigos. Pasa una manada de cebras sobre barro. A partir de las huellas, podríamos decodificar la edad, el peso, el tamaño, el sexo de los animales. ¿Sería correcto decir que con las huellas han codificado esta información? Los acontecimientos no se registran de la misma forma en las células de los tejidos vivos que en la materia inerte, pero eso no quiere decir que haya un homúnculo codificando y decodificando información. En los dos casos (materia inerte o con vida) no se da ninguna de las características propias de un código, no hay ningún acuerdo entre las partes, no hay emisor ni receptor, no existe una relación gratuita, convencional sobre soporte y significado, y siempre es necesaria una relación analógica profunda, causal, entre el evento producido y lo registrado.
El código neuronal es una huella activa que puede implicar una transducción de la información, que no es convencional, no gratuita, apoyada necesariamente en relaciones analógicas profundas, en relaciones causales o de coocurrencia. Si las características de los códigos y de los registros biológicos son opuestas, ¿de dónde procede este mal uso, esta confusión generalizada? Procede de la similitud entre los sistemas biológicos de registro y la utilización intencional por el ser humano de códigos de comunicación para crear sistemas artificiales de registro. Es decir, procede de una mirada antropocéntrica.
Una de las cualidades de los códigos es que tienen la capacidad de reproducirse. El ser humano utiliza códigos para crear registros externos de memoria. Para el uso de un sistema codificado, en principio, es suficiente el registro propio de la memoria interna. En el desarrollo de la cultura hay un salto cualitativo cuando se crean los registros duraderos de memoria externa: la escritura. Es un mecanismo similar al del pen drive, al de cualquier memoria externa. Una vez grabado o escrito, cuando se conecta al ordenador central, a la memoria interna por medio de la lectura, permite recuperar la información. La invención de la escritura consistió en la creación de un código que permitiera un registro externo de memoria. El registro artificial y el código quedan vinculados, pero no son lo mismo.
El hecho de que el tejido neuronal, que acoge el pensamiento humano, posea la capacidad, diferencial con respecto a otras especies, de poder trabajar con códigos no debe llevarnos a hablar de código o de codificado en el caso de cualquier inscripción neuronal (en el hombre o en otros animales). La diferencia es importantísima porque deslinda dos sistemas de procesar la información distintos: uno no codificado y otro basado en códigos. Uno, analógico, que utiliza imágenes complejas, no simplificadas por códigos, crudas; y otro codificado, económico y eficiente, que utiliza la palabra e imágenes que la ilustran, generalmente visuales, subordinadas al sistema lógico-verbal. Si usamos el mismo término código en ambos casos, no podremos diferenciar entre la imagen compleja registrada, pero no codificada, y la imagen simplificada por la aplicación de códigos. La imagen compleja es similar al percepto, puede ser multimodal, dinámica, no está simplificada por la aplicación de ningún código, es una imagen sin palabras, similar a la propia de los sueños.
El sistema analógico (Rodríguez Pascual, 1996, 2005 y 2010) es utilizado por los animales, por los bebés, por los habitantes de pueblos primitivos, y, muchas veces inconscientemente, por los humanos adultos. Y ha debido ser la base del pensamiento de las otras especies del género homo, lo mismo que es la base sobre la que construimos nuestro sistema codificado de conocimiento. Por mucho que se ha intentado, no se ha conseguido implantar un sistema de códigos o de palabras, en su completo sentido, en los animales no humanos. Como explican pormenorizadamente Longa y López (2005), el perro llamado Rico nunca aprendió doscientas palabras, sino etiquetas manipuladas por un sistema de relaciones analógicas. La pregunta clave es, si Rico no utiliza un sistema codificado para almacenar el recuerdo de las doscientas etiquetas sonoras, ¿en qué formato conserva esos recuerdos no codificados? El formato es el de doscientas imágenes complejas sonoras. Los admirables entrenamientos por medio de los cuales se ha enseñado un lenguaje limitado y no generativo a un chimpancé como Washoe (Gardner y Gardner, 1969), a un loro como Alex (Pepperberg, 2000) o a un bonobo como Kanzi (Savage, 1996) son una prueba excelente de la complejidad y versatilidad del sistema analógico básico de procesamiento de la información, cuyos procedimientos en el ser humano quedan en gran parte relegados al inconsciente.
Puede generar una cierta confusión la utilización de señales sonoras similares a códigos en distintas especies. Los cercopitecos verdes o monos tota tienen gritos distintos para alertar de tres tipos de peligro: rapaz, serpiente o leopardo (Pearce, 2013; Gómez, 2005). Las gallinas y los pollos utilizan 24 sonidos distintos, muchos de ellos específicos para situaciones concretas (Smith y Zielinski, 2014). Las orcas emiten sonidos comunes dentro de una gran manada y sonidos ligeramente diferentes en el entorno de su clan, como si se tratara de un idioma y su dialecto (Sewall, 2014). Se ha comprobado que puede haber una emulación de los cantos, de las vocalizaciones, que da lugar a variaciones locales. Se trata de comportamientos programados genéticamente que se pueden ajustar o modificar por medio de la interacción con otros miembros de la misma especie. Son comportamientos innatos, sobre los que se producen ajustes como fruto de la experiencia (Heinrich y Bugnyar, 2014). Son sistemas de señales genéticamente pregrabados que no implican ningún tipo de acuerdo convencional, entre los individuos del grupo, que tenga las características de un código.
La dificultad de pensar lo diferente, nuestra incapacidad consciente para imaginar cómo podría ser un pensamiento al margen de los códigos del lenguaje, del sistema simbólico, un pensamiento basado en imágenes nos induce a la mala utilización de palabras como código y simbólico. El uso del término simbólico es igualmente problemático ya que ha tenido una deriva en su significado que lo ha acercado a otros conceptos como alegórico, metafórico, emblemático, iconográfico, etc. Voy a utilizar simbólico en sentido estricto como aquello referido a los símbolos tal como los concibió Charles Peirce. El símbolo es estable, duradero, tiene un significado establecido por medio de códigos, un significado que no es circunstancial y que no necesita apoyarse en ninguna relación analógica. Los sueños, por ejemplo, no son simbólicos dado que incumplen precisamente todas estas características. No deberíamos utilizar la misma palabra para designar cosas de características opuestas, exactamente igual que ocurre con código, sobre todo cuando necesitamos hablar de asuntos muy delicados, que están situados en los límites del lenguaje.
2. EL SISTEMA ANALÓGICO NO CODIFICADO, COMÚN, BÁSICO
Es evidente que hay una gran diferencia entre la forma de conocer y transformar el mundo que tiene el ser humano y la de animales como los otros primates. Se ha intentado deslindar este hecho diferencial desde diversos planteamientos, como: la capacidad de emplear útiles, de proyectar acciones futuras, de construir herramientas, de compartir una cultura, de reconocerse en el espejo, de tener comportamientos solidarios, altruistas, etc. Se ha demostrado que todos ellos eran erróneos (De Waal, 2016; Serrallonga, 2005). Es como si hubiéramos sido capaces de admitir la evolución, el parentesco del cuerpo, pero no el de la mente sagrada. Sería necesario conjugar estos dos hechos aparentemente contradictorios: la gran diferencia que separa el sistema cognitivo humano del de otras especies, sin negar la gran similitud, la continuidad que ha quedado demostrada a partir del desarrollo de estudios sobre inteligencia animal y etología. La clave diferencial estaba en algo mucho más sencillo: la capacidad de construir y utilizar códigos a partir de un sistema analógico (Rodríguez Pascual, 2010) común, homólogo.
Tenemos un sistema analógico de procesamiento de la información similar al de otras especies animales. Es precisamente en situaciones típicas de la actividad del sistema analógico donde se producen las sorpresas inexplicables. Se ha descubierto que hay algunas especies de avispas que tienen, como los humanos, la capacidad de identificar los rostros de sus congéneres (Tibbetts y Dyer, 2014). Que los chimpancés y los cuervos poseen una capacidad similar de utilizar herramientas e, incluso, de modificarlas, de construirlas para diferentes usos (De Waal, 2016). Desgraciadamente etiquetar estos casos y otros similares como fenómenos de evolución convergente no nos da una explicación acerca de similitudes tan sorprendentes en el comportamiento de especies tan alejadas en el árbol evolutivo. Es solo una manera de obviar el problema, de no reconocer la existencia de un sistema analógico básico común que utiliza imágenes complejas que admiten transformaciones, manipulaciones, que sí serviría para explicar la causa profunda de estas coincidencias.
Poseemos un sistema analógico (Rodríguez Pascual, 2010) básico que en el ser humano contiene unas pequeñas diferencias que permiten el desarrollo del universo simbólico, lógico-verbal, la construcción de sistemas codificados. Lo que nos une cognitivamente a los seres humanos con otras especies animales (y con otras especies del género homo) es poseer un sistema analógico básico de procesamiento de la información similar, un sistema sobre el que construimos todo lo que somos, y que queda, en su inmensa mayoría, relegado al inconsciente. Si utilizamos los términos de la neurociencia, diríamos que la consolidación de la información codificada en el neocórtex provoca una creciente inhibición de las imágenes y las emociones primitivas. Hemos conseguido aceptar la teoría de la evolución de nuestro cuerpo, pero no las bases comunes que explicarían la de nuestra mente. Parece que seguimos creyendo, en el fondo, en un salto evolutivo inmotivado, en algo parecido a la irrupción de una luz divina que nos hace diferentes.
Las grandes capacidades del sistema analógico conducen a un típico error. No debemos pensar que el sistema analógico sea un sistema inerte porque no siga los procesos propios de los razonamientos lógicos. Todo lo contrario, posee grandes capacidades relacionales, que permanecen mayoritariamente en un nivel inconsciente en los seres humanos, lo que lleva al error de adjudicar características lógico-verbales al pensamiento de los pueblos primitivos, de las otras especies del género homo, de los animales no humanos o de los niños pequeños. Por eso se habla del pensamiento proposicional en los chimpancés, de los algoritmos matemáticos en las ratas, o del pensamiento conceptual en los loros.
Los animales no humanos no tienen un sistema conceptual-intencional semejante al nuestro, no tienen un pensamiento proposicional imperfecto, no tiene ricas representaciones conceptuales, como plantean Hauser y Chomsky (2002); poseen un sistema para procesar la información que utiliza imágenes complejas, procedentes de varios sentidos, tridimensionales, sonoras, dinámicas, manipulables, relacionables. Nuestra incapacidad de comprensión se inscribe en un problema más amplio: la tendencia hacia la antropomorfización. Tendencia que está relacionada, que es causada en su etiología profunda por un enfrentamiento radical y sutil específico del ser humano: la inhibición ejercida por el sistema simbólico dominante sobre el primitivo basado en imágenes. La distinción entre código y registro biológico puede ser de una importancia radical para la psicología y la neurociencia.
Podemos definir lo que es un concepto como una unidad codificada de significado que permite simplificar y concretar la variedad del mundo. Como acuerdos sociales, dependen de la cultura en la que se inscriben. Si utilizáramos la idea abierta de los conceptos como representaciones cognitivas que pueden recombinarse de alguna manera (Danón, 2022), estaríamos llamando conceptos a las imágenes complejas que son representaciones cognitivas que pueden manipularse y recombinarse de diversas maneras. Se ha señalado que hay dos visiones de lo que es un concepto: redes asociativas que permiten unir las características de seres similares, y átomos gobernados por reglas (Camp, 2015). Las dos visiones son correctas, ya que los conceptos nacen como redes asociativas pertenecientes al sistema analógico básico, para dar lugar a átomos gobernados por reglas, pertenecientes al sistema lógico-verbal. Siguen el proceso de construcción, típico del ser humano, que parte de la base de las relaciones analógicas para dar lugar al dominio lógico-verbal económico y eficiente. Los experimentos con animales en los que se han obtenido resultados que podrían indicar la existencia de conceptos, como los casos de Washoe, Kanzi o Alex, están en el nivel del sistema básico de las redes de relaciones y manipulaciones analógicas mencionadas.
Los animales no humanos son incapaces de construir o de aceptar un sistema codificado, porque esa aceptación implicaría necesariamente construcción y acuerdo convencional. Deberíamos emplear, también, términos distintos para diferenciar lo que es aprendizaje de lo que es entrenamiento. Lo que en un niño es el aprendizaje de un código, que implica la construcción de un sistema de conocimiento en la que tiene que participar activamente, aceptar acuerdos, involucrarse profundamente, en un animal no humano es un proceso totalmente distinto, es un entrenamiento analógico para un uso circunstancial de herramientas. En ese entrenamiento impositivo de un código restringido, no hay acuerdo entre las partes, cosa que sí ocurre en el proceso constructivo que sigue un niño. En el niño la recepción es activa, hay una comprensión y aceptación de normas que no se le enseñan específicamente, toma parte en la construcción de convenios. Lo que no impide que el ser humano conserve en su sistema analógico básico ese mismo ritmo lento de entrenamiento (Rodríguez Pascual, 2010) como, por ejemplo, el que está ligado al llamado aprendizaje perceptivo (Gilbert, Sigman y Crist, 2001).
Los códigos se construyen sobre una doble articulación: la capacidad de construir acuerdos convencionales sobre el significado de los signos, y la capacidad de construir las normas convencionales que permiten su operatividad. Estas dos capacidades son, en el fondo, la misma: la capacidad de construir y utilizar un sistema convencional a partir de relaciones de identidad y diferencia, opuestas a las identificaciones y a las transformaciones analógicas. Esta capacidad de crear y utilizar códigos es la que permite el pensamiento lógico-verbal. Las relaciones lógicas tienen una estructura opuesta a las relaciones analógicas. La capacidad diferencial que permite tener un pensamiento codificado y la de tener un pensamiento lógico son exactamente la misma. Hay una relación profunda entre el motor de la causalidad lógica que mueve las unidades de información a través de la línea del lenguaje y del tiempo, y el sentido finalista de esa causalidad, con la construcción y uso de herramientas sobre un esquema causal y finalista. A continuación, voy a mostrar cómo los datos experimentales son coherentes con estos planteamientos.
3. LA HUELLA MNÉSICA NO CODIFICADA. PIAGET
La distinción entre código y registro biológico es fundamental para entender un experimento muy conocido de Piaget (Piaget, Inhelder y Sinclair, 1968), que demuestra inequívocamente la existencia de la imagen compleja no codificada y su potencial cognitivo; a la vez que pone de manifiesto la ceguera que provoca la mirada antropocéntrica, la dificultad de pensar lo diferente.
Presentaron a niños de edades que iban desde los 3 hasta los 8 años una serie de diez barritas ordenadas de mayor a menor en una serie perfecta. Al cabo de entre 6 y 8 meses, y sin presentarles de nuevo el motivo, les pidieron que describieran lo que habían visto, y encontraron que habían mejorado con respecto a la descripción que habían hecho tras el evento original, de modo que dieron explicaciones progresivamente más precisas, siguiendo una secuencia de respuestas tales como: varias barras, barras pequeñas y grandes, barras pequeñas medianas y grandes, una serie incompleta, o la serie completa. Paradójicamente, la conclusión que dedujeron de los resultados del experimento es que los recuerdos no pueden producirse sin los esquemas de inteligencia que les den forma, no pueden producirse independientemente de las etapas constructivas que llevan a los esquemas lógicos y a las operaciones formales. El experimento de Piaget es especialmente significativo porque opone la imagen primitiva sin codificar a la imagen informada por el rigor de los códigos (por no utilizar el término esquema que es mucho más ambiguo).
Piaget demostró (a pesar de que quería demostrar lo contrario) que habían conservado en la memoria una imagen nítida, radiante, salvaje, única, cognitivamente útil, pero se negó a reconocerlo. Paradójicamente, concluyó que la imagen solo existe como elemento simbólico. ¿Por qué es tan importante este experimento de Piaget? Por dos motivos: distingue nítidamente la imagen compleja no simplificada por códigos, la inscripción neuronal no codificada, de la interpretación simbólica del recuerdo una vez codificado. Y pone de manifiesto la ceguera provocada por el sistema simbólico dominante, propia del antropocentrismo. Si a los niños no se les ha presentado de nuevo el motivo, ¿de dónde han obtenido la nueva información que transmiten más acorde con el evento original?
Piaget parte de la idea de que la percepción sin esquemas cognitivos no existe, de que no es posible el registro de una huella sin codificar en la memoria. Para Piaget, el esquema es antes que la percepción, es decir, la percepción implica siempre esquemas previos, que también han de almacenarse de algún modo en la memoria. Pero, para salir del aprieto, distingue entre memoria (reconocimiento y evocación) y conservación de esquemas, que se pueden aplicar sin que sea necesario recordarlos (Perrig, 2005). Uno de los problemas conceptuales que obscurecen sus planteamientos es que llama esquemas a cosas muy distintas. Habla de esquemas sensoriomotores para referirse a lo que en realidad son las imágenes somatosensoriales o táctil-cinestésicas almacenadas en la memoria, a la vez que utiliza el mismo término para referirse a los esquemas conceptuales propiamente dichos. Nos dice que estos dos tipos de esquemas tan distintos se pueden aplicar sin recordarlos, sin que, paradójicamente, pertenezcan a la memoria.
Lo que ocurre, en realidad, es que la imagen de una acción (lo que llama esquema sensoriomotor) no pertenece fácil o habitualmente a nuestro pensamiento consciente, no puede ponerse en palabras, es una imagen compleja, multimodal, que implica sensaciones propioceptivas y exteroceptivas. Por otro lado, los esquemas conceptuales, que están sustentados en un sistema codificado, se vuelven inaparentes con el uso, como todos los códigos aplicados, lo cual no quiere decir que no tengan un lugar en la memoria.
Para Piaget, la memoria es reconocimiento y evocación. En el experimento de las barritas, al interrogar a los niños tras una demora de seis meses, no puede haber reconocimiento, ya que no se les presenta el objeto, por tanto, debemos pensar que hay evocación. Pero ¿qué evocan los niños?, ¿los esquemas que hacen posible el recuerdo, pero que no tenían en el momento de la presentación? Toda esta complicación teórica que construyen Piaget y sus colaboradores, al margen de toda lógica, cumple la finalidad de interpretar unos resultados de modo que sean acordes a lo previsto, tautológicos, a pesar de ser manifiestamente contrarios a lo esperado. Los hechos reales tienen una interpretación muy clara. Piaget, por medio de un diseño ajustado, sofisticado, demuestra de forma sólida la existencia de una huella mnésica sin codificar. Pero no la puede reconocer porque ha partido de la premisa de que no puede existir.
Por sus características, a esa huella mnésica no codificada, primitiva, analógica, es a la que he llamado imagen compleja, es decir, no simplificada por la aplicación de ningún código (la expresión código analógico es una contradicción en los términos, ya que una de las características definitorias de los acuerdos de comunicación que llamamos códigos es no necesitar ninguna relación analógica, aunque pueda haberla). La imagen compleja es una imagen en la que las cosas, los sucesos, no necesitan estar categorizados por sus nombres ni sometidos a esquemas conceptuales. La imagen compleja tiene las características de la evocación del suceso tal como se percibió, de una reminiscencia que puede contener formas, percepciones detalladas sin nombre. En los humanos, las imágenes se van poblando de acciones y objetos nombrados, se van transformando, lo que no impide que el sistema analógico pueda seguir tratándolas, muchas veces en un nivel no consciente, como imágenes no sometidas a ningún código. En cuanto es usada por el sistema analógico como imagen compleja, es una reminiscencia, una aparición al margen de lo nombrado, aunque, como demuestra el experimento de Piaget, o los casos de las imágenes eidéticas y otros muchos resultados experimentales, pueda ser analizada desde el sistema lógico verbal. Hay imágenes, como las táctil-cinestésicas y las olfativas (Proust, 1981; Shikibu, 2005), que tienen mayor capacidad para provocar la reminiscencia por no soportar esta tensión o hacerlo en menor medida, por no sufrir la invasión de los códigos lógico-verbales. El recuerdo de lo que Piaget llama esquemas sensoriomotores y el recuerdo que hace posible el reconocimiento tienen características que son coherentes con el concepto de imagen compleja.
El reconocimiento, que se desencadena a partir de una imagen que aflora en el consciente convocada por una presencia, es un mecanismo que precede a la evocación intencional consciente. El niño reconoce objetos (personas) y situaciones (patada que mueve un sonajero) porque conserva imágenes complejas de ambos, vídeos grabados en el hipocampo (O’Keane, 2021), que no son esquemas. La imagen compleja regresa espontáneamente motivada por alguna presencia, por alguna asociación sensorial, o convocada por el recuerdo de una situación en la que el sujeto estuvo inmerso.
Para Piaget, solo existe la imagen simbólica, la realidad construida, las imágenes vinculadas a esquemas operativos. No existe la imagen como simple huella, sino como símbolo. Por tanto, tendríamos que suponer que los animales no humanos, que no tienen un pensamiento verbal, tampoco lo tendrían basado en imágenes, es decir, que no pensarían y no soñarían, ni con palabras ni con imágenes.
En el experimento de Piaget, lo que realmente ocurre es que se da una nueva interpretación de lo que se vivió, gracias a la conservación de una imagen compleja que puede ser evocada, y gracias a que se han creado nuevas estructuras de códigos que pueden ser aplicados, de códigos ligados al lenguaje, que varían con el paso del tiempo y con el aprendizaje, que se adaptan a los nuevos esquemas simbólicos. La información, una vez codificada, es más ligera y manejable, queda simplificada y disponible y, sobre todo, es expresable por medio de la palabra.
Todo este proceso que estoy describiendo, que va desde la imagen compleja a los recuerdos expresables, es coherente con los hallazgos de la neurociencia, con los descubrimientos de las funciones de las células de lugar o espaciales, de las células de red, de las células entorrinales (Rowland, Moser y Moser, 2016), con la grabación de sucesos de la vida real en movimiento en el hipocampo, y con la posterior consolidación de la información que queda almacenada en el córtex, disponible, codificada, estable a largo plazo. Los circuitos prefrontales controlan las emociones y provocan una creciente inhibición. Lo real se vuelve representación (O’Keane, 2021). La memoria con el tiempo se corticaliza, es decir, se codifica, pasa de memoria primitiva emocional unida a las imágenes, a memoria biográfica lógico-verbal. El proceso de aplicación de códigos semánticos hace que se pierda información sensorial del ambiente, del contexto, que coincide con una pérdida de actividad en el hipocampo, a la vez que se incrementa la actividad neocortical (Corda, 2022).
Frente a las leyes del decaimiento del recuerdo, vemos, en los experimentos de Piaget, que aparecen mejoras tras largos intervalos temporales, mejoras de expresión, no de evocación. El conocimiento inconsciente se hace consciente, lo inexpresable se puede expresar. Es decir, mejora la expresión gracias a la conservación de la imagen compleja, y a las nuevas formas de codificación.
4. LA NUMEROSIDAD, O LA IMAGEN COMPLEJA DE LA CANTIDAD
4.1. Planteamiento
Hay muchos otros trabajos experimentales en los que se ha puesto de manifiesto la función de la imagen compleja, tan conocidos y significativos como los de Matsuzawa sobre primates que señalan series de números en una pantalla una vez extinguidas (Matsuzawa, 1985 y 2009), o como los casos de personas con extraordinaria memoria visual descritos por Oliver Sacks (1998), pero es probable que en el ámbito donde más se haya investigado, de forma particularmente interesante y profunda, sea en el de la numerosidad, que no es otra cosa que la imagen compleja de la cantidad. Los resultados son totalmente coherentes con el marco teórico y conceptual de la imagen compleja y del sistema analógico. Me detendré sobre todo en los trabajos de Stanislas Dehaene y Jessica Cantlon.
Koehler (1941), trabajando con palomas, llegó a la conclusión de que las aves tienen dos habilidades básicas: son capaces de comparar cantidades simultáneas y, también, cantidades sucesivas (secuencias). Nos dice que los animales tienen alguna forma de etiquetar la cantidad, pero que utilizan números sin nombre. Pueden discriminar diferencias de color, tamaño, duración, cantidades discretas o continuas (Koehler, 1941). Lo que es coherente con el concepto de imagen de la cantidad. Si pueden distinguir series sucesivas de distinto número de elementos, es que, de alguna manera, conservan en la memoria el tamaño de una serie para poder compararla con la otra. Esta evaluación, significativamente, está sometida a la proporcionalidad de las leyes de la percepción, es decir, funciona como si trabajaran con imágenes.
Meck y Church (1983) descubrieron que las ratas eran sensibles, de la misma manera, a la discriminación del número y a la duración temporal. Para las ratas, el punto medio subjetivo entre 2 y 8, el que les creaba indecisión al tener que elegir entre ambos, tanto para número como para duración, era el 4, es decir, la media geométrica. Meck y Church llegaron a la conclusión de que las ratas utilizan el mismo sistema interno para apreciar la numerosidad y la duración (Meck y Church, 1983). Todos los datos, el registro de una cantidad aproximada, el valorar el número o la duración, la variación no lineal, logarítmica, de la apreciación de la cantidad, son coherentes con un modelo perceptivo, con la utilización de una huella mnésica, de una imagen compleja, y no lo son, en cambio, con un modelo aritmético. La memoria de lo ocurrido, memoria de eventos o memoria episódica implica en los animales no humanos imágenes mentales con información sensorial detallada que puede ser detectada al analizar el comportamiento animal (Boyle, 2020).
4.2. Stanislas Dehaene
Stanislas Dehaene (1997 y 2016) ha recogido el bagaje experimental anterior y ha realizado unas pruebas muy bien diseñadas con la finalidad de rastrear la existencia, en los pueblos primitivos, en los mamíferos, en las aves y en los bebés, de un sistema que utiliza la numerosidad: una apreciación aproximada del número, en la que se puede dar un margen de error que es proporcional a la cantidad total evaluada.
Dehaene (2016) explica cómo en muchas culturas primitivas solo existen palabras para designar un elemento, dos, a veces tres, varios y muchos, es decir para las cantidades que se pueden percibir sin que sea preciso contar. En realidad, describe el fenómeno de la apreciación de la numerosidad como un percepto. De hecho, esto se refleja en idiomas como el español en el que existe la expresión adecuada para la unidad, pareja, trío (que ya tampoco tiene un uso generalizado para tres elementos), y paren de contar (nunca se dice, por ejemplo, un cuarteto de pingüinos, a no ser que estén tocando el violín). La cuestión central es: ¿qué consecuencias tiene hablar de numerosidad y de número, injustificadamente, cuando todas las evidencias señalan hacia la imagen de la cantidad, hacia un concepto no matemático?
Stanislas Dehaene (2016) encuentra, activo en un sistema primitivo básico, el sentido numérico, un mecanismo que explica por medio de la existencia de un módulo matemático innato. Por no reconocer la existencia de un sistema analógico básico que trabaja con imágenes, se ve abocado a buscar la solución (deus ex machina) de postular la existencia de un órgano especializado, de un módulo biológico heredado dedicado a apreciar y conservar la numerosidad, de forma gratuita, innecesaria, de modo similar a como hace Chomsky, por los mismos motivos, con respecto al lenguaje. Es muy curioso cómo Dehaene, al igual que vemos en Piaget, parte de un concepto simbólico, el de número, para desarrollar un concepto similar, la numerosidad, difícil de justificar, pero relacionado con el universo simbólico del que ha partido.
Dehaene (2016) habla de un órgano especializado en la percepción y representación de las cantidades numéricas cuya existencia busca y reconoce en animales, hombres prehistóricos, pueblos primitivos, bebés y en el inconsciente adulto. Es muy llamativo constatar cómo Dehaene, con gran acierto, estudia la numerosidad precisamente en los grupos en los que no hay un desarrollo simbólico pleno, en los que no hay sistemas de codificación consolidados, y que mantienen, por tanto, un sistema primitivo basado en la manipulación de imágenes. Es muy notable y loable que, sin partir de la idea de que existe una forma de conocimiento analógica básica, primitiva, anterior al conocimiento simbólico, que funciona por medio de la imagen compleja, común a los animales, a los bebés, a los niños pequeños y a los miembros de pueblos primitivos, busque de forma reiterada las coincidencias, los datos que unen a grupos tan distintos en la utilización de la imagen compleja de la cantidad que llama numerosidad. También, es muy significativo que estos grupos sean prácticamente los mismos que aquellos en los que se ha descrito la imagen eidética (Doob, 1964), es decir, la imagen compleja visual.
Dehaene (2016), indirectamente, realiza una investigación muy relevante sobre las capacidades del sistema analógico y la imagen compleja. No es un sistema inerte, evoluciona a lo largo de la vida por medio de aprendizajes lentos, similares a un entrenamiento, y procesa la información, realiza actuaciones, manipulaciones (intentemos evitar el término operaciones) sorprendentemente eficaces. Sobre este sistema primitivo que permite la apreciación, la comparación de la cantidad, la adición y las relaciones de identificación, el niño construye los esquemas simbólicos, las identidades y los conceptos matemáticos. Sobre esta base analógica, pero oponiéndose a ella, sustituyéndola. Como explica Dehaene (2016), una vez aprendidos los esquemas simbólicos precisos, las apreciaciones de la numerosidad quedan relegadas al inconsciente, aunque siempre permanezcan activas en un segundo plano.
La investigación sobre la numerosidad nos permite entender mejor el funcionamiento del sistema analógico. Las ratas pueden realizar un aprendizaje que les permite responder a un estímulo de dos luces y hacerlo correctamente cuando se les presentan dos golpes. Y pueden responder como si fueran cuatro eventos si se les presenta la secuencia de dos luces y dos golpes (Dehaene, 2016). La imagen compleja es una huella multimodal o amodal no simplificada por la aplicación de ningún código, ajena a la categorización diferencial de los sentidos. No debería sorprendernos el uso de grupos de eventos que afecten a varios sentidos. No es correcto concluir que en las ratas existe la abstracción del número “dos” o la capacidad de realizar sumas aritméticas. No utilizan símbolos ni realizan operaciones. Poseen un sistema analógico de gran potencia relacional, capaz de realizar asociaciones, comparaciones muy eficaces. Es preciso huir de la tendencia a antropomorfizar sin motivo situaciones que tienen una explicación más sencilla y precisa.
4.3. Jessica Cantlon
Jessica Cantlon (2012) define con mayor claridad y profundidad la existencia de un sistema analógico básico cuando estudia la numerosidad. Nos dice que la capacidad para representar, comparar y realizar cálculos denota un sistema cognitivo primitivo analógico. Y que hay evidencia de que este sistema analógico utiliza el mismo sustrato neural en monos, humanos adultos y niños pequeños (Cantlon, 2012). El único problema sigue siendo la falta de una teoría general que dé coherencia a sus descubrimientos y que le posibilite utilizar una conceptualización, una terminología adecuada: la falta de un marco conceptual coherente y extenso.
El sistema analógico básico evalúa la numerosidad, es decir, la cantidad de elementos discretos, pero también otras magnitudes, continuas o discretas, como la distancia, la longitud, el tiempo, el peso, la saturación o la luminancia (Cantlon, 2012), una evaluación que se ha podido constatar que está sometida a la ley de Weber-Fechner, que es también la que rige la progresión geométrica de los estímulos perceptivos. Todo lo cual es coherente con la idea de que este sistema analógico básico trabaja con imágenes complejas que tienen características similares a los perceptos, es decir, que no están simplificadas por ningún código. En el caso de las cantidades continuas, ¿comparan el resultado numérico obtenido por medio de un sistema abstracto de medición o simplemente evalúan comparativamente dos imágenes? ¿Cómo conservan las palomas en su memoria el dato de la cantidad de picotazos del primer evento para poder cotejarlo con el segundo? ¿Recuerdan un número que no conocen o la imagen compleja de un acontecimiento?
Los niños y los animales representan cantidades aproximadas en un formato analógico. Podemos decir, siguiendo a Jessica Cantlon (2012), que los primates no humanos comparten con los humanos tres mecanismos de procesamiento analógico: representar cantidades, compararlas mentalmente, y manipularlas para agregar o quitar elementos. Seguimos su mismo enunciado, pero no utilizamos los mismos conceptos que usa Cantlon, ya que resultan impropios aplicados al sistema analógico, pervierten el sentido, tales como número, aritmético, operación, suma, resta o algoritmo. La precisión en los conceptos es imprescindible para poder cambiar de paradigma, para intentar evitar las desviaciones de la antropomorfización. Los adultos, tras haber aprendido un sistema formal preciso, siguen manteniendo un sistema analógico de apreciar cantidades, que funciona esencialmente de la misma manera que en los monos (Cantlon, 2012). El efecto analógico de congruencia semántica que se da en humanos (elegir el más pequeño de dos elementos pequeños es más rápido que elegir el más grande de dos pequeños) se da igualmente en los monos. El proceso de comparación mental subyacente usado para juzgar cantidades de diversas magnitudes (duración, número, distancia, etc.) que produce el efecto de congruencia semántica es primitivo, generalizado, no verbal, común al hombre y a los primates no humanos (Cantlon, 2012). Hay una fuente neural común para la representación analógica en diversas especies y en diversas etapas del desarrollo humano.
Los monos poseen una capacidad no formal básica para manipular cantidades semejante a la humana, sometida a las limitaciones analógicas, como son los efectos proporcionales de la ley de Weber-Fechner, los efectos del tamaño del problema (a más tamaño menos precisión, independientemente de la proporcionalidad entre error y cantidad) y los efectos de la congruencia semántica. Todos los efectos analógicos observados en las manipulaciones (no operaciones) de bebés, primates no humanos, hombres primitivos y adultos civilizados son coherentes con la idea de un sistema analógico básico, común, primitivo, que funciona por medio de la imagen compleja (que podría confundirse con un módulo matemático heredado). Este sistema analógico tiene en los humanos características diferenciales (pocas y sorprendentes) que les permiten un gran desarrollo de sistemas codificados, como la plasticidad, la capacidad para el ritmo y para la sinestesia, un conjunto de peculiaridades difíciles de definir que hacen posible la construcción del universo simbólico, lógico-verbal, las matemáticas, la lógica formal.
5. DISCUSIÓN
En este trabajo he buscado apoyarme en una estructura conceptual coherente para constatar la existencia del sistema analógico básico que compartimos con otras especies, y para poder analizar de forma lo más rigurosa posible sus características.
Lo que llamo el sistema analógico de procesamiento de la información tiene algunos puntos en común con las descripciones del Sistema 1 en las teorías de Sistema Dual, tales como las de Stanovich (1999) o Frankish y Evans (2009). Pero es mucho más sencillo y preciso el estudio de los casos en los que no está contaminado y obscurecido por las relaciones con el sistema lógico-verbal dominante. Analizar el comportamiento humano en los momentos en los que se mezclan de manera muy compleja los procesos heurísticos y analíticos (Thompson, 2009) no es el camino más fácil, sobre todo si no se inscriben en un marco conceptual previo adecuado. Por eso creo que es más eficaz investigar en el arco que recorre las características comunes de las formas de procesamiento de la información cuando no hay un sistema lógico-verbal dominante, en los animales, los niños pequeños, los habitantes de sociedades primitivas, los hombres prehistóricos y el inconsciente de los humanos adultos.
6. CONCLUSIONES
El ser humano posee un sistema analógico de procesamiento de la información que es similar al de otras especies animales, un sistema que podemos analizar en todos los casos en los que no está consolidado y activo el sistema lógico-verbal dominante típico de los humanos adultos. Sobre ese sistema básico, el ser humano construye toda su cultura, su forma diferenciada de conocer y de actuar en el mundo. Las relaciones entre el sistema analógico básico, que utiliza la imagen compleja, y el sistema lógico-verbal codificado, construido a partir del primero, son de una extraordinaria complejidad en el ser humano. No podría ser de otra manera ya que el sistema dominante se nutre en todos los aspectos del sistema básico con el que mantiene una relación fluida en algunos aspectos determinados (cómo, por ejemplo, la memoria de trabajo o la capacidad de reconocimiento), a la vez que necesita oponerse a él, inhibirlo para poder ser económico y eficiente. Y para poder controlar los sentimientos y facilitar la socialización, como corresponde a un sistema que tiene, entre otras, una finalidad señaladamente social (Rodríguez Pascual, 1996). Por ello, el mejor camino para analizar la existencia y la función de los dos sistemas es el de detenerse en los casos en los que los procesos analógicos no están contaminados por el dominio lógico-verbal. Este trabajo actual es parte de una teoría mucho más extensa.
El sistema analógico no es inerte, por el contrario, es tremendamente activo, es capaz de realizar combinaciones eficaces casi instantáneas, tiene un motor de búsqueda de enorme capacidad y rapidez, puede manejar grandes cantidades de información y puede manipular las imágenes, recombinarlas para encontrar resultados útiles. El sistema analógico ha llegado a diferentes grados de desarrollo en las distintas especies y, muchas veces, está vinculado con mayor intensidad a una modalidad sensorial concreta. Por ejemplo, las palomas son capaces de discriminar visualmente entre parejas de imágenes sorprendentemente parecidas y almacenar su recuerdo en el formato de imágenes complejas visuales por mucho tiempo. Los perros pueden discriminar cientos o miles de olores y guardarlos en su memoria como imágenes complejas olfativas. A la vez, dado que se trata de un mismo sistema básico de procesamiento de la información, podemos encontrar congruencias, similitudes sorprendentes en muy distintas especies y en el ser humano.
La utilización de un léxico inadecuado, de una conceptualización errónea impide la interpretación correcta de los hechos en los que se pone de manifiesto la existencia de dos sistemas de procesamiento de la información. El problema es que partimos de expresiones que llevan implícita la negación de la posibilidad de que exista un sistema analógico. No debemos utilizar términos que impliquen sistemas rígidamente codificados para aplicarlos a la hora de describir procesos evidentemente no codificados, para describir todo lo relativo al sistema analógico básico previo a la existencia del lenguaje. El lenguaje es lo suficientemente rico y maleable como para permitirnos hablar de sus propios límites.
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